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El recuerdo que debería ser feliz y sólo me estremece


El 13 de mayo de 2013 empecé con contracciones, yo vivía en Madrid, pero mi pareja y yo estábamos en León porque mi madre me había pedido que fuera a dar a luz cerca de ella, así que estábamos en casa de mis padres. El padre de la niña debía de tener abstinencia porque no le vi estar a gusto en ningún momento, como el parto se retrasó llegó a decirme que estábamos allí perdiendo tiempo y dinero... yo solo quería dar un paseo para intentar acelerar el proceso, él solo me acompañó una vez, las demás fui yo sola teniendo contracciones cada 20 minutos más o menos, eran como un dolor fuerte de ovarios, por la noche me despertaban.

 

Llegó el día 15 de mayo, las contracciones eran muy seguidas, cada 5 u 8 minutos, así que después de subir y bajar escaleras unas cuantas veces, darme un baño de agua caliente, a las 4 de la mañana decidimos subir al hospital. Según llegué me hicieron el primer tacto, solo estaba dilatada de un centímetro, me quería morir, aun así me ingresaron, pasé la noche en el hospital sin dormir. Llegó el segundo tacto y creo que estaba de 3 o 4 cm, me cambiaron de habitación para ponerme los monitores, aquí es cuando llega el momento en el que no te puedes mover y debido a ello el dolor es peor. En todas las horas que estuve en esa habitación, la primera persona que entró me dijo que me estaba quejando de vicio y que si estaba así ya, luego iba a flipar, con otras palabras pero vamos, que ánimos lo que viene siendo ánimos, no eran, todo lo contrario: mi presencia y mi dolor le molestaban.

 

La matrona que me tocó fue lo peor, fue la tercera matrona porque llegaron a verme 3 turnos ya que fueron 16 horas de parto. Esta también me dijo que me quejaba de vicio.

 

Yo, que me había pasado el embarazo diciendo que iba a intentar evitar la epidural, llegó un momento en el que rogué al anestesista que me la pusiera, pero me dijo que no porque no tenía plaquetas, me hicieron un análisis para ver si por un casual el nivel de plaquetas había subido, pero tenía menos aún. Decidió ponerme un sustitutivo de la morfina que lo único que hizo fue drogarme y darme el placer de poder relajarme en el minuto que tenía de tregua entre contracción y contracción, pero el dolor lo sentía exactamente igual. Sé que me pusieron oxitocina pero no lo noté, el dolor era tal que no sentí el cambio, y eso que todo el mundo me había dicho que la fiesta empezaba con la oxitocina porque te acelera el proceso de dilatación.

En todo este tiempo, entraron varias personas a la habitación, no sé cuántas manos diferentes me hicieron tactos. 

 

Llegó el momento en que mi cuerpo me pedía empujar, pero no me dejaban porque no tenía borrado todo el cuello del útero y cuando solo faltaban 2 cm la (xx) de la matrona me dijo: “te lo borro yo”, me metió la mano y cuando vino la contracción me hizo la maniobra esa del demonio ¡¡QUÉ DOLOR!!!

 

De aquí corriendo a la sala de extracción ¡por fin podía empujar! Fue un alivio para mí, pero lógicamente con cada empujón gritaba hasta que la matrona me dijo de malas maneras que dejara de gritar que iba a quedar afónica, ¿cómo una profesional puede pensar que en ese proceso de dolor puede una no gritar???

 

Me hicieron episiotomía porque les dio la gana, le pusieron ventosa porque les dio la gana también, esto último nunca lo entenderé, sin epidural y empujando como una loca... ¿¿¿por qué???

 

Por fin salió Lara a las 19:50, hasta que no envolvieron en mantas no me la dejaron ver y me la quitaron enseguida. La placenta no salía y a la (xx) de la matrona no se le ocurre otra cosa que empezar a darme puñetazos en la barriga, parece que 16 horas de parto sin epidural no le parecía suficiente sufrimiento y quería darme un poco más de regalo, el ginecólogo debió de ver mi cara y gritó ¡BASTA! y de ahí me llevaron a quirófano para hacerme un legrado. Me perdí las primeras horas de vida de mi niña, esto es lo que más me duele.

 

Cuando me desperté en reanimación (ya que tuvieron el detalle de dormirme para el legrado) no podía parar de llorar, solo quería ver a mi niña, abrazarla, sentirla, alimentarla, saber lo que había pesado...

 

Cuando me llevaron a la habitación estaba toda mi familia menos ella, me la trajeron enseguida, se agarró a la teta como si no hubiera un mañana. Luego la pusimos en la cuna y en un momento se puso a llorar, le dije a mi madre que me la pusiera encima, al escuchar mi corazón se calmó y allí la deje un buen rato. Por la noche vinieron a por ella, se la llevaron a nidos para que yo descansara, me dijeron que me la traerían a la toma pero nadie la trajo, por la mañana me dijeron que le habían dado un biberón, así, sin preguntar....

 

Yo creía que el dolor ya había acabado, pero no, al día siguiente tuve entuertos, típicos cuando ya has pasado por varios partos, pero bueno, a mí también me tocaron y bastante dolorosos.

 

Después de un mal embarazo y un parto horrible mi bebé fue el bebé más fácil que he conocido, pero la maternidad es lo más difícil del mundo. 

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Zuriñe Serradilla Hernáez

Psicóloga sanitaria Col. O-03322

Asesora de Lactancia

Doula

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