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Vanesa 1


Me quedé embarazada en abril aprox. No tuve nauseas, ni ningún síntoma físico, pero sí me invadió un sentimiento de felicidad constante, podía tener mis momentos de “drama” (llamo “drama” a esos momentos de en los que se te caen las lágrimas y no sabes muy bien porqué) que los tuve o ese momento de rabia porque quieres bajar a por el pan y te das cuenta que lo único que te vale es el pijama. Me sentía llena de euforia, pero también sensible a ciertos temas y me costaba defenderme, a veces me sentía agobiada por la gente con las cosas del embarazo como el nombre que le pondrás al niño o cosas que había que pensar del tema y yo no había pesado aún, pero en la mayoría de momentos todo era maravilloso.

 

En el cuarto mes engordé 4kg, el médico me echo una reprimenda y me puso una dieta que seguí, pero me dio exactamente igual, como todo en ese momento, me venía bien cualquier cosa y me sentía bien casi constantemente: no estaba cansada, dormía bien, la comida siempre estaba rica, aunque no podía comer carne poco hecha por no pasar la prueba de la toxoplasmosis y me apetecía bastante, seguí a raja tabla las recomendaciones del médico.

 

En la semana 37 el bebe aún no se había colocado y estaba de nalgas con lo que accedí a que me hicieron la versión cefálica externa, no se consiguió nada: me sedaron (sensación bastante mala) me dijeron que tenía los músculos de la tripa duros y que después de intentarlo varias veces preferían dejárselo a la naturaleza, cosa que ellos mismos me habían advertido que podía pasar. Me dieron unas indicaciones a seguir en casa y que ese día estuviese tranquila ya que podía tener molestias y dolores estomacales. Como esto no pasó me fui a comer y en ese momento se me rompió la bolsa amniótica, a partir de ahí me entró miedo.

 

Fui al hospital y me llevaron a la sala de dilatación, dijeron que no quedaba líquido y que había que provocar. Me lo provocaron, dijeron que venía de nalgas y me animaron al parto natural, en ese momento me sentía asustada y decía a todo que si como chica obediente que soy, pero pedí la epidural cosa que si el niño hubiese estado colocado tenía pensado no hacerlo, pero en ese momento lo hice. Me pusieron la epidural, pero antes de que me hiciera efecto llegó la médica, palpó, y dijo que no había cambiado de posición y que tenía los pies por delante, estaba sentado a lo indio dijo, así que cesárea.

 

En realidad, lo tenían todo preparado: como no me había hecho efecto la epidural me pusieron otra anestesia, me llevaron a la sala de parto y mientras alguien me hablaba, aunque parezca mentira y esto me deje mal, me quedé dormida. Me desperté y vi al niño en lo alto con los ojos abiertos la cara cubierta de vérnix caseosa (cosa de la que no tenía ni idea) y le estaban cortando el cordón umbilical, se lo llevaron y a mí me llevaron a una sala de post-anestésica, al bebé le llevaron a la incubadora y se lo dieron al padre para el contacto piel con piel, luego nos llevaron a planta a todos.

 

El post-parto fue bastante bueno, es verdad que al principio tuve una sensación rara con el bebé, como si lo hubiesen sacado de un cajón y me dijeran “toma éste es el bebé que te ha tocado”. Me dolían los puntos, estuve cinco días en el hospital cosa que fue un agobio.

 

Cuando llegué a casa poco me apetecía salir la verdad, menos mal que fue invierno y tuve excusa, poco a poco se me fue pasando y estaba más animada, lo que más me cansó es darme cuenta que a veces socialmente hay que hacer un paripé tremendo, del que yo no supe salir muy bien, estaba harta de que marearan al bebé. Sé que es amor y emoción, pero más de una persona me lo quitaba de los brazos sin miramientos, llegaban y decían: “ay que mono” y me lo quitaban. Solo pedía un simple “ay déjamelo coger” o algo así… eso me hacía sentir como una madre loca, me sentía sensible y con pocas ganas de sociabilizar, casi siempre había gente alrededor y no aceptaban un no como respuesta.

 

Era criticada un poco por todo: si no salía, si le daba el chupete y había dicho que no se lo iba a dar, por cogerlo cuando lloraba (hay que dejarles llorar que luego se acostumbran me decían) … Llegó el verano y no quise exponerlo al sol pues también me costó mi verano lleno de críticas y por infinidad de cosas: incluso por darle el pecho durante 8 meses ya que me puse a trabajar y decidí pasarme al biberón, aunque en un primer momento tenía pensado darle pecho más tiempo.

 

En realidad, me dado cuenta que parte de la maternidad es eso…todo es criticado y poco aceptado, me duelen los oídos de escuchar “los míos no eran así…” así que oídos sordos, porque creo que esto durará hasta que tengan 20 años.

 

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Zuriñe Serradilla Hernáez

Psicóloga sanitaria Col. O-03322

Asesora de Lactancia

Doula

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