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No es todo de rosas como parece

Hay que decir que la sociedad te vende maravillas de lo que viene a ser el proceso del embarazo y la maternidad, de esto último no puedo opinar mucho, aunque ya me siento un poco madre ahora que la siento tan activa dentro de mí y que la tengo siempre conmigo, pero digamos que no acaba de ser tan real como tenerla respirando el oxígeno como yo. Casi que me centro en el momento presente, el que estoy viviendo estos meses...

 

Digamos que, así como los dos primeros trimestres, leía un libro que me dejó una amiga Gisela, en el que semana a semana te hablaba de síntomas típicos, cambios, de sensaciones, de experimentación dentro y fuera de tu cuerpo, etc. y se cumplían a la perfección la mayoría de ellos con un nivel equilibrado y muy leve, de vómitos, de hormonas, de cambios físicos, etc.... la cosa ha sufrido un cambio radical durante el último trimestre.

 

Hasta el momento y como apuntaba: todo equilibrado, feliz y contento… síntomas normales, un poco de malestar en una primera fase, haciendo teletrabajo (por el tema de la pandemia) descansando con más posibilidades, gestionando las horas de trabajo un poco a libre albedrío y facilitándome la vida para comer sano en un “abrir de nevera” cuando la angustia se presentaba en mi estómago.

 

Llegado el tercer trimestre ¡se juntan muchas cosas! Ya no tengo la constancia de leer semana a semana el libro, aunque sí en bloques algo más grandes lo he seguido leyendo...los cambios están más asociados al crecimiento del bebé (una gran parte está formada) y cambios también físicos de la mamá (la panza crece exponencialmente también...), aunque para mí este cambio viene en el segundo trimestre, donde toda la gente me decía si me quedaba poco para parir...pues durante el mes 5/6 de embarazo me creció muchísimo la barriga.

 

Me atrevo a llamar al tercer trimestre: tercera fase, período de revolución hormonal o ¡revolución a secas diría yo! Hormonas activas, sube y baja emocional fuerte, lloros y risas (más lloros que risas eso sí) podría compararlo con una especie de estado semi-deprimido, como cuando te baja la regla, pero menos controlada...no sabiendo que es cíclico y que en un cierto momento tienes una u otra sensación que no coinciden con “pre-ovular”, “ovular”, “día en el que te baja la regla” ...

 

Consciente a su vez que el Covid no ayuda, que acaba de empezar esta segunda oleada llena de manifestaciones violentas en Francia, Italia y España que no favorecen que el entorno sea sereno...que los ánimos andan agitados fuera y que supongo que es algo más difícil estar serena dentro...pero porque no decirlo con palabras claras: es un estado del cuerpo nuevo, incierto, no controlado que sobretodo me provoca tristeza y soledad...y es así es como me siento muchos días...

 

Consciente previamente que era un momento particular y también fisiológico quise preparar el cuerpo y conocer a personas del entorno cercano de casa que estuvieran en mi mismo momento, en mi misma revolución, me apunté a clases de yoga para embarazadas, aconsejada por mi hermana como momento importante hacer ejercicio y estar en forma para el gran día. También quería hacer aquagym y natación, pero en Cataluña con la pandemia, el gimnasio no era una buena opción...así que me quede solo con el yoga.

 

Considero que, aunque duró poco pues solo estuve un par de meses, por la situación Covid empeorada, no acabé de conseguir hacer “tribu” del todo: dijimos de hacer un café, cerraron los bares; una compañera ofreció su terraza, justo la profesora estuvo en contacto estrecho con un caso positivo de Covid y acabó ella siendo positiva; y una cosa tras otra imposibilitó crear “xarxa” esta palabra que tanto me gusta y que tan importante creo que es....

 

Pero no se termina aquí, quizás el acontecimiento catártico (una palabra que me surge en muchas ocasiones desde el estado de embarazo que transito) fue el diagnóstico de diabetes gestacional, en este caso surgieron otros sentimientos, no quiero llamarle culpa, aunque fue así como fuera lo describieron algunas personas con las que hablé (por eso de haber estado consumiendo helados italianos en la bella Sicilia durante el mes de verano o los cornetos de pistacho deliciosos). Debo decir que, si relativizo, fue un consumo superior al habitual, pero sin exceso alguno y, sobre todo, no está relacionado con la diabetes gestacional que me diagnosticaron. En este caso se trata de una carencia de mi cuerpo a gestionar la insulina que produce el páncreas para curar los picos de azúcar y el origen viene determinado aleatoriamente por el “batiburrillo de hormonas” y la forma en la que el metabolismo reacciona. El hecho de ser mayor de 35 años incrementa las probabilidades, pero eso no justifica que lo tengas que tener si o si, hay un porcentaje, si no estoy equivocada era entre un 5 y un 15% de la población, pudiendo llegar al 20% en mayores de 35.

 

Aquí sí que me sentó mal, sí que tuve un sentimiento de injusticia, de ¿porque a mí? ¿porque yo? una persona sana que tiene una dieta saludable y equilibrada, que no ha engordado en exceso, que hace deporte, que es joven y tiene plena salud ¿porque yo tengo que tener dicho diagnóstico? Pues en resumen se trata de una tómbola, pero una tómbola que no quieres para ti, como las hay mil y una durante éste período y la mayor parte de los acontecimientos de la vida, centrándome en el que me ocupa: búsqueda de bebé para quedarte embarazada, posibilidad de aborto antes de las 12 semanas, malformación, etc...  Cabe decir que aquí tuve mucha, mucha suerte. Todo bien a la primera y sin problema ¡ni dificultad alguna!

 

El Hierro, otro de los limitantes de este tercer trimestre, en realidad me salió ya alto en la analítica del segundo trimestre, pero la hice bastante tarde, así me dieron cita en medio del colapso sanitario, y es que ésta parte ya es mucho más normal...lo que pasa es que gestando con más kilos encima...pues el efecto directo es cansancio extremo: “me pesa la vida” es una frase que pronuncié bastante en éste período pues me sentía destrozada, agotada, así que desde ese momento mi matrona top ( mi hermanita) me recetó unas “pastis” que sigo tomando y creo que seguiré tomando post parto también (según fuentes me han informado ;) ).

 

El calor, me olvidaba: ésta tortura que siempre adoré y esta estación del año idílica y bucólica que asocio al mar, al descanso a las vacaciones y que siempre dije que podía tolerar mucho mejor que el frío. Pues bien, durante el embarazo NO fue así. Ha sido muy agobiante el período que viví en Palermo: ni aire acondicionado, ni ventilador, ni nada, gran agobio para poder dormir y para vivir durante el día. Aunque contenta de estar ahí, de profundizar relaciones con los amigos de Ru (mi pareja), de vivir en una ciudad nueva y hacer “teletrabajo”, etc. ¡he pasado el mayor agobio de calor de toda mi vida! Ha sido desesperante, agobiante, sofocante. Y aunque sin insomnio propiamente dicho, las noches y conciliar el sueño ¡se han hecho difíciles y duras!

 

Pero no solo eso, aparte de toda ésta mezcla de sentimientos que he ido comentando (tristeza, agobio, cansancio, solitud, falta de tribu, culpabilidad) los días pasan, tengo la baja por embarazo de riesgo desde la semana 30 pero los días se pasan volando sin hacer prácticamente nada...y una persona activa como yo dice: ¿pero qué haces? si no haces nada, si te quejas que te da palo ir a comprar, hacer la comida y no tienes responsabilidad alguna durante el día, y dices: al menos me pondré cocinitas, haré la comidita cada día caliente, aprovecharé para explorar menús nuevos acordes a la dieta de la diabetes, etc... Pero la verdad es que llega la baja y llega a su vez el gran insomnio (aparece incluso alguna semana antes de la baja y hace cuesta arriba las últimas semanas de trabajo en la que, por suerte, me sentí bastante acompañada y apoyada por mi compañera Aisha, ¡ella sí que es tribu!)

 

Exactamente desde la semana 26, ya antes de iniciar el tercer trimestre y desde el que en ratitos de lucidez nocturna escribo este relato...con una sensación de cansancio físico brutal, impotencia y rabia, enfado por tener los ojos abiertos aun estando súper cansada, sintiendo también sensación “d’angoixa”, de falta de aire y sin paz mental del todo por todo lo acontecido fuera y dentro de mi cuerpo y también por el respeto (también podríamos llamarlo miedo) al gran día, al día del parto....a ese día o días en el que tu cuerpo va hacer un esfuerzo bestial en el que quieres que todo salga bien y generar en el grado de lo posible una resistencia al dolor de alguna manera, aun sabiendo que va a ser de los días de tu vida que vas a recordar por el esfuerzo tormentoso al que vas a exponer a tu cuerpo, a la vez que sabes que es un acontecimiento que han vivido miles de mujeres y se pueda comparar con cosas más banales, como quien dice: conducir…  algo que es conocido en tu entorno, el mundo está lleno de familias y niños y esos han salido del cuerpo de una mujer seguro, igual que estas rodeado de una ciudad llena de coches, conducidos por personas que controlan a la vez múltiples cosas; marchas, luces, tráfico delante, señales, tráfico detrás, motos, bicis, coches, buses, ...

 

Hay que tener en cuenta muchas cosas pero al fin y al cabo todas somos capaces de conducir y de parir... poca gente no está capacitada para conducir como no hay nadie no capacitada para parir...nuestro cuerpo está preparado para ello y lo hace desde hace muchos siglos! Más que conducir (por cierto).

 

A ese momento, ese gran día, sabes que va a ser el día en el que vas a conocer la personita o “aliensito” que patalea dentro de ti, cada vez más fuerte... ¡a veces incluso te asusta esa fuerza! Sobre todo porque está inmersa en tu cuerpo pero tu no la controlas de ninguna forma...es otro ser y va por libre... ¡pero habita en ti! es una mezcla entre mágico y poderoso y de alguna manera algo que perdurará hasta el fin de mis días cuando lo conozca de verdad... que ya va a estar para siempre...que no hay vuelta atrás. Aunque suene fuerte es algo que a priori no me asusta en absoluto ahora mismo.

Consciente que le doy mucha importancia al parto porque es lo que ahora más me abruma, quizás sea la cosa inminente y más cercana y “grande” que me espera en las próximas semanas.

Consciente también de que hay que empezar a hacerse a la idea que el mundo del posparto y la lactancia ¡es complejo! Y con diabetes gestacional se dificulta un poquito más la presión que se ejerce sobre la importancia de amamantar en las primeras horas para evitar hipoglucemias, etc.

 

En fin, como por aquí se dice:  “poc a poc i bona lletra”, escribir es algo que calma mi mente, que me hace relajarme y que quiero dejar constancia para releer un día cualquiera dentro de un tiempo...y darme cuenta que ¡el embarazo tuvo sus cosillas también!

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Zuriñe Serradilla Hernáez

Psicóloga sanitaria Col. O-03322

Asesora de Lactancia

Doula

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